Las dos hijas del Gran Compositor -seis y siete años- estaban acostumbradas al silencio. En la casa no debía oírse ni un ruido, porque papá trabajaba. Andaban de puntillas, en zapatillas, y solo a ráfagas el silencio se rompía con las notas del piano de papá.
Y otra vez silencio.
Un día, la puerta del estudio quedó mal cerrada, y la más pequeña de las niñas se acercó sigilosamente a la rendija; pudo ver cómo papá, a ratos, se inclinaba sobre un papel y anotaba algo.
La niña más pequeña corrió entonces en busca de su hermana mayor. Y gritó, gritó por primera vez en tanto silencio:
“¡La música de papá, no te la creas…! ¡Se la inventa!” (Ana María Matute, Los niños tontos, 1956)
Y otra vez silencio.
Un día, la puerta del estudio quedó mal cerrada, y la más pequeña de las niñas se acercó sigilosamente a la rendija; pudo ver cómo papá, a ratos, se inclinaba sobre un papel y anotaba algo.
La niña más pequeña corrió entonces en busca de su hermana mayor. Y gritó, gritó por primera vez en tanto silencio:
“¡La música de papá, no te la creas…! ¡Se la inventa!” (Ana María Matute, Los niños tontos, 1956)
Le due figlie del Grande Compositore -sei e sette anni- erano abituate al silenzio. In casa non si doveva sentire neppure un rumore perché papà lavorava. Camminavano in punta di piedi, in pantofole, e solamente a folate si rompeva il silenzio con le note del piano di papà.
E di nuovo silenzio.
Un giorno la porta dello studio non si chiuse bene, e la bambina più piccola si avvicinò furtivamente all’apertura; poté vedere come papà, a intervalli, si chinava su un foglio e annotava qualcosa.
La bambina più piccola corse allora a cercare la sorella più grande . E gridò, gridò per la prima volta in tanto silenzio:
“La musica di papà, … incredibile! Se la inventa!”
E di nuovo silenzio.
Un giorno la porta dello studio non si chiuse bene, e la bambina più piccola si avvicinò furtivamente all’apertura; poté vedere come papà, a intervalli, si chinava su un foglio e annotava qualcosa.
La bambina più piccola corse allora a cercare la sorella più grande . E gridò, gridò per la prima volta in tanto silenzio:
“La musica di papà, … incredibile! Se la inventa!”